TERAPIA PURIFICADORA

El Reino de Dios y la plenitud espiritual


"y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del padre. La cual les dijo oísteis de mi." Hechos 1:4

Aunque ellos, -los apóstoles- por su entrenamiento, habían escuchado acerca de la promesa del Padre, no solamente por boca de Jesús sino también por la revelación profética, sin embargo, no eran conscientes de la importancia y el significado de este procedimiento.

El propósito de Dios estaba esencialmente enfocado en satisfacer una evidente necesidad. Potenciar, optimizar los valores y virtudes, para proveerles "calidad humana".

Sin calidad humana, los discípulos no tenían el poder, ni podían conocer, interpretar y ejecutar el plan de Dios para sus vidas.

La Terapia Purificadora es el procedimiento destinado a informar y proveer a los creyentes el entorno y los medios de gracia para que estos puedan alcanzar la plenitud espiritual.

La palabra plenitud se define como el estado de una cosa o persona que ha alcanzado su momento de máxima perfección o desarrollo. En relación con algún aspecto individual, se entiende como idónea y perfecta y, por lo tanto, no puede ser mejorada.

Desde la perspectiva cristiana, el creyente alcanza la plenitud espiritual, cuando Dios lo llena enteramente con su Santo Espíritu. Los apóstoles de Cristo y otros discípulos son un ejemplo de ello. Alcanzaron la plenitud espiritual, gracias a una "promesa del Padre".

La promesa se hizo realidad en Jerusalén, el día de pentecostés. Ese día todos fueron llenos con el Espíritu Santo, consiguieron su optimo nivel espiritual o lo que es lo mismo, "calidad humana." Se infiere, por tanto, que el deseo y la voluntad expresa de Dios para los creyentes, sea la plenitud espiritual. En otras palabras, la imagen moral de Dios con la que fue creado el primer el hombre -plenitud espiritual-, puede ser recuperada cuando el creyente es bautizado con el Espíritu Santo. Cuando su "calidad humana" es igual a la plenitud espiritual.